miércoles, 5 de noviembre de 2008

Leyendas mineras

En agosto se celebra el día de San Lorenzo, se le pide protección para las minas abiertas, subterráneas, pirquenes. Los mineros son muy supersticiosos y aseguran que el día de San Bartolomé el diablo anda suelto y muchos lo han visto pasearse como dueño y señor mostrando sus enormes cachos y cola.
Las diabladas originarias en minas bolivianas lo celebran bajando al socavón para celebrar, haciéndole compañía y pedirle protección contra los accidentes, saludan también a la virgen. En nuestro país, todavía ocurren accidentes en las minas, la Confederación Minera reportó catorce accidentes en julio. Recientemente en Lebu una explosión dejó cuatro muertos y 55 heridos. Recordamos el libro Subterra y la película basada en lo que escribió Baldomero Lillo que trabajó en la pulpería en Lota, el siglo pasado, retratando el sufrimiento de las familias al escuchar el estampido de una explosión y la muerte de joven cabeza de cobre.
El minero del carbón lo primero que hace, antes de hacer el trabajo, antes de ganar un sueldo, es salir vivo de la mina donde están expuestos a derrumbes, desprendimientos, inundaciones o explosiones. Antiguamente usaban canarios y ratones que anunciaban al gas grisú, desplazándose a ras del suelo afectándolo primero a ellos con el monóxido de carbono. En gratitud a estos roedores se celebra el día de San Agustín el 28 de Agosto. En Lebu, los mineros afirman que no se midieron durante tres semanas los niveles del "viento negro".
Nuestros mineros viven los mitos y leyendas atacameñas, las traídas por los mineros de la cuarta región, enriquecidas en las noches frías, alrededor del brasero tomando la choca. Vuelven a escuchar a los tue, tue, ven pasar volando a los brujos de Salamanca que traen el viento. La camanchaca en Chuqui envuelve las almas errantes de los trabajadores fantasmas muertos en accidentes, que siguen viniendo a trabajar caminando con sus calamorros blancos de cuero vuelto. Los carrilanos escuchan atentos y dispuestos como hacer cualquier pacto con el diablo para hacerse ricos. Todos quieren seguir a la veta que los guiará al entierro de las barras de oro bolivianas enviadas para ayudar en la Guerra del Pacifico, enterradas en Calama. Relatan el encuentro con la viuda y la Llorona en los juegos infantiles. Escuchan los lamentos que quedaron de las explosiones y de los muertos del cementerio de Placilla, hoy la mina; encontrándose ataúdes, animales momificados. Recuerdo el susto de mis amigos jóvenes palanqueros al esperar vía libre para su tren, eran minutos de eterno sudor, temiendo encontrarse con los que pisaron el tercer riel o sufrieron la muerte del palanquero, relajándose cuando la máquina o camión empiezan a avanzar nuevamente en la mina.
Por Nancy Monterrey
EL MINERO NEGRO DE IDAHUE
“En los cerros de Idahue, (VI Región) existe una mina abandonada que se conoce como “La Mina del Minero Negro” por ser precisamente un hombre de tez morena el que la descubrió. Nadie sabe nada de dónde vino, ni cómo llegó; el asunto es que un día apareció explotando el yacimiento aurífero.
Junto a él trabajaban varios mineros los que sacaban el oro a raudales, de una veta que corría cerro arriba.
Un día el negro quedó solamente con dos trabajadores: los obreros lo tomaron y le dieron muerte para apoderarse del oro y de la mina. Sepultaron su cadáver en la primera loma de un barranco próximo, tapándolo con ramas y hojarascas de boldos y litres. Cuando regresaron los demás mineros del pueblo, le contaron que habían dado muerte al negro y que ellos serían los dueños verdaderos; se repartirían el oro y explotarían el yacimiento por partes iguales. En seguida fueron a ver el lugar donde lo abian sepultado horas antes; pero, sorpresa, el cadáver había desaparecido y también el filón de oro; por más que buscaron no lo encontraron.
Ante esta circunstancia, sintieron miedo y abandonaron el trabajo, dejando botados chuzos, palas, balanzas y chayas.
Muchas personas han querido traerse esos implementos, pero les es imposible; pues quien lo intente, no puede dar ni un solo paso; una fuerza extraña lo sujeta; sólo pueden librarse, cuando han dejado lo cogido.
Cierto día pasaban por el lugar dos campesinos a caballo arreando animales por la quebrada y al llegar al sitio preciso donde fue sepultado el negro, se les apareció un limonero alto con miles de frutos en su ancha y alta copa. Los arrieros dejaron junto al árbol una bolsa para a su regreso llenarla con limones; pero al volver sólo encontraron el saco; el árbol había desaparecido. Si ellos hubiesen tomado un limón, habrían encontrado de inmediato la veta y al negro que sigue trabajando su mina, pues se le oye laborar especialmente en las noches en el interior del cerro, y a veces le escuchan llamar a sus compañeros desde un rancho que ellos mismos construyeron hace años y que aún se conserva; pero nadie se atreve a venir a su encuentro”.
EL BARRETERITO
Según cuentan los viejos mineros de esta región, hace muchos años ronda en las minas auríferas de Atacama, el alma de un minero, que en vida, trabajaba siempre cantando al son de su barreta, mientras extraía con alegría el preciado producto de las minas.
Este personaje era muy conocido por todos, por ser un aventurero que constantemente cambiaba de mina, pues su genio vagabundo y su pie nómade lo llevaba a recorrer de un lado a otro, ganando apenas para subsistir y pasando muchas veces hambre y penurias, echándose las penas a la espalda, volvía siempre a partir para iniciar su pesada tarea en cualquier otro lugar.

Sin embargo, su carácter generoso y su espíritu siempre alegre y optimista le hacían liviana la vida granjeándole la simpatía y el aprecio de los demás mineros. Con la talla a flor de labios, ya cantando, ya silbando, no descansaba ni un momento y el repiqueteo de su herramienta era música acostumbrada donde quiera que estuviese.
Un día que trataba de obtener el mineral, que le daría su sustento, quiso la mala suerte que se desprendiera un gran trozo de roca y tras ella, toneladas de tierra..., y el barreterito quedó allí sepultado para siempre...
Desde entonces, - según dicen los mineros -, su espíritu recorre todas las minas en que trabajó, dejando oír su continuo y alegra barretear... El viento, fugaz mensajero del espacio, lleva a través de las negras bocas de los túneles y galerías el eco de sus golpeteos.
Los mineros que los han oído, o han creído oírlo, se persignan temerosos, previendo, quizás un destino semejante.

1 comentario:

XnaxoX dijo...

ken es este grupo tan seko!! nosotros po grande grupo 6